Salieron esa noche de camino a su trabajo, dejando a los pequeños en casa. Era una noche calurosa de verano que amenazaba tormenta.

Entraron a oscuras como siempre a su departamento y comenzaron su jornada laboral. No podían imaginarse que al cabo de unas horas una luz se encendería y ocurriría la catástrofe.

En la lejanía, el sonido de un trueno dio el pistoletazo de salida a la lluvia torrencial de principio del verano.

Cu, de apellido Caracha, se encontraba haciendo la ronda junto a la puerta del cuarto de baño, podía escuchar las gotas de lluvia golpeando los cristales de la ventana cuando una luz se encendió y una ser humana se le quedó mirando con cara de asco y empezó a dar pequeños saltitos de angustia.

Cu intentó escabullirse por la rendija de la puerta pero el sonido seco del aire cortándose al movimiento véloz de la zapatilla le paralizó y un segundo después su vida se apagó.

Mientras tanto, al otro lado de la estancia un compañero de Cu presenciaba todo lo ocurrido y procedía a dar la voz de alarma. Comenzaron a realizar la evacuación sin ser vistas a través de las grietas y pequeños agujeros de la pared.

Esa misma noche, esperaron a que los humanos durmiesen y buscaron los restos de Cu en balde…

No había nada que hacer, a partir de ahora tendrían que ser cuidadosas y no dejarse ver. Decidieron organizarse para establecer un nuevo horario laboral ahora que su departamento había sido invadido por humanos. Saldrían más tarde y sólo al estar seguras de que no merodeaban cerca sus mortales enemigos. Decidieron dejar dos días de margen para que la humana pensase que Cu era la única que había en el departamento y así poder volver a trabajar,  y tras esos dos días comenzar la jornada laboral tomando todas las precauciones que estipulaban los estatutos, pero desaparecieron tres miembros más de la colonia.

La humana era lista y sigilosa, se movía en la oscuridad y encendía la luz en el momento oportuno para poder darles caza…

La comunidad estaba asustada, la humana había dejado huerfanos y viudas a una cantidad considerable de miembros de la colonia y ya nadie se atrevía a salir.

Tras dejar cuatro días de margen para guardar luto y cambiar de estrategia, decidieron salir poco a poco y cada vez más tarde, asegurandose antes de que los humanos ya se habían ido a dormir.

Una noche húmeda, un miembro joven de la colonia llamado Cutia, decidió aventurarse a inspeccionar el cuarto de baño.Antes de salir por la rendija del lavabo, prestó atención a los sonidos que escuchaba de cerca. La puerta estaba cerrada y la humana estaba viendo la televisión. No escuchaba la voz del humano, por lo que supuso que no estaría. Salió disparada y bajó por el pie del lavabo y se metió en una cajita húmeda que tenía algo delicioso en su interior. Sorprendida y entusiasmada, decidió salir despacio y observando bien el terreno en busca de algún peligro que le impidiese volver a la colonia a comunicar su descubrimiento. Cuando comprobó que el terreno parecía seguro, subió corriendo por la columna del lavamanos y desde la cumbre observó la cajita que contenía comida, su tesoro. De pronto, la luz del baño se encendió y se abrió la puerta. Un humano alto se le quedó mirando y exclamó: oh oh, CARIÑO!!

Al otro lado de la puerta Cutia pudo escuchar a la vil humana exclamar: ¿otra? ¡mátala!

Cutia salió corriendo hacia el desagüe y escuchó el golpe seco de la zapatilla tras de si. Sintió el golpe, pero siguió corriendo hacia el desagüe, se coló y escuchó al humano maldecir. Cogió aire con su traquea y volvió a soltarlo. Se frotó las antenas y aliviada, salió como un rayo directa a la colonia a través de las alcantarillas.

Una vez  en la colonia, vislumbró que la mayoría de sus compañeras estaban inquietas y asustadas. Se apresuró y fue directa al puesto de mando donde se encontraba Blattodea, el jefe al mando después de la muerte de Cu. Blattodea era grande, de un color oscuro y tan fuerte que parecía imposible de romper.

“He sobrevivido a un golpe de zapatilla” relató orgullosa Cutia. “Además, he encontrado una caja con alimento en la que podemos escondernos mientras comemos, Blattodea”

Blattodea se acercó a Cutia y le felicitó por su suerte y enseguida se percató de que tenía un ala doblada. La envió de inmediato a la sala de recuperación donde se encontraban también algunas compañeras que se habían puesto enfermas tras los días de inspecciones por el departamento.

Cutia se acomodó juntó a sus compañeras y observó el panorama. Varias estaban patas arriba, con las patas tiesas y algunas con un ligero tic. Los nidos que habían sido vigilados, estaban podridos y no había rastro alguno de vida en su interior.

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaban muriendo?

Cutia comenzó a convulsionar mientras buscaba con la mirada a Blattodea. Sus miradas se cruzaros y se cogieron de las patas. Cutia sentía como se alejaba más y más de su cuerpo…

Mientras tanto, en el piso, el ser humano le preguntaba a la ser humana.

“Cariño, ¿qué son estas cajas negras que hay en el suelo de la despensa, el baño y la cocina?”

La mujer puso cara de lástima y contestó:

“Es lo único que se me ocurrió para ahuyentar a las cucarachas de casa. Son trampas con veneno que las mata a ellas y a sus huevos en los nidos.”

Martasky

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