En el número 11 de una vivienda de Santiago de Compostela, una madre y su hija adolescente hablaban sobre libros en la cocina mientras el olor a tortilla de patatas aromatizaba el ambiente.

El verano estaba empezando y prometía ser largo y lleno de ratos muertos para una adolescente que acababa de mudarse a un nuevo país.

La madre le decía que leer era una manera muy entretenida de pasar el tiempo y que había libros que valían mucho la pena. Marta, la chica adolescente y cabezota, intentaba escabullirse por la puerta cuando había terminado de poner la mesa. No veía nada de divertido en un libro. En el colegio todos los libros que le mandaban leer eran un montón de palabras aburridas sin sentido alguno para ella, no podía imaginar que existiese algún libro que le gustase y que valiese realmente la pena.

Cuando ya tenía medio cuerpo fuera de la cocina, su madre le llamó para que limpiase los platos que estaban en el fregadero. Puso los ojos en blanco y se dispuso a hacerse la loca pero el “Marta” con voz de sargento de su madre la hizo recular y volver resignada a la cocina.

Mientras cogía los platos con asco del fregadero y los limpiaba como si fuesen radiactivos, escuchaba de fondo a su madre hablarle sobre un libro que le habían recomendado y que ya tenía un montón de ediciones vendidas. Desconectó. No le interesaba leer, no había nada que hacer, su madre hablaba con la pared mientras ella se imaginaba tirada en la hierba disfrutando del fresco de la sombra del magnolio, escuchando a los pájaros y planeando qué hacer ese verano.

El grito de su madre la trajo de vuelta a la realidad, estaba tirando agua al suelo y poniéndolo todo perdido mientras su madre estaba roja y le decía que tuviese más cuidado. Marta suspiró y cogió la fregona que le zarandeaba su madre en las narices.

-Esta tarde te vienes conmigo al Corte Inglés y miramos por el libro.

Ojos en blanco, un leve ” sí, mamá” y ya estaba desapareciendo por la puerta de la cocina.

Editorial Salamandra. Un libro amarillo con la ilustración de un niño con gafas volando en una escoba, de fondo un bosque, un unicornio, un castillo y un perro de tres cabezas. Suspiró, le dio la vuelta para ver la contraportada y vio a un mago, ¿Merlín? pensó. Comenzó a leer la contraportada:

Harry Potter se ha quedado huérfano y vive en casa de sus abominables tíos y del insoportable primo Dursley. Harry se siente muy triste y solo hasta que un buen día recibe una carta que cambiará su vida para siempre.

La chica se sentó en la cama y comenzó a leer. Sin saber cómo, se encontraba debajo de las escaleras del número 4 de Privet Drive junto a Harry Potter, que escuchaba cómo su insoportable primo Dursley saltaba sobre las escaleras para fastidiarlo. Sí que es insufrible, piensa.

Al rato estaba junto a Harry, en el zoo, y quedó asombrada con las habilidades de Harry para hablar con las serpientes, cuando un segundo después el cristal del terrario se desvaneció y la boa constrictor con la que hablaba le dio las gracias y huyó del lugar.

Un día Harry fue a buscar el correo que Tio Vernon le pidió. No podíamos creérnoslo, Harry y yo observábamos que había una carta dirigida a él: Sr. Harry Potter. Alacena debajo de la escalera, Nº4 de Privet Drive, Little Whinging. Surrey

Nos disponíamos a abrirla pero Dursley se chivó y tío Vernon nos la quitó. ¡Qué rabia!

Después de huir de las cartas locas que entraron volando por toda la casa de los Dursley, tío Vernon nos trajo a una islita remota. Harry y yo dormimos en el suelo. Descubrí a Harry soplando unas velas imaginarias y me di cuenta de que era su cumpleaños.

De pronto, un gigante entró por la puerta y apuntó a los Dursley con un paraguas. Encendió fuego en la pequeña chimenea y le dio un pastel de cumpleaños a Harry.

Cuando se quiso dar cuenta, Harry había atravesado una pared de King’s Cross, se había subido al Expreso de Hogwarts, se había hecho amigo de Ronald Weasley y Hermione Granger, probado las ranas de chocolate, conocido a Albus Dumbledore, volado en una escoba y formado parte del equipo de Quidditch de su casa, Gryffindor. Había descubierto quién había asesinado a sus padres, entrado en el bosque prohibido, celebrado la Navidad en Hogwarts… y había derrotado a Quirrell, vasallo del mago más tenebroso y al que no nombraban por miedo, Lord Voldemort.

Marta miró el reloj. Eran las 12 de la noche. Se levantó de la cama y salió al pasillo. Estaba todo oscuro, pero escuchaba la televisión de fondo en la sala de abajo. Bajó corriendo las escaleras, abrió la puerta y descubrió a su madre dormitando, como todas las noches. Sonrió y se acercó a ella despacio.

-Mamá- susurró. Su madre se despertó de un sobresalto y soltó un leve gruñido.

-¿Qué hora es?- preguntó con el ceño fruncido.

-Son las 12 y 10. Oye, ¿mañana me compras el segundo libro de Harry Potter?

Su madre sorprendida, la miró bien y le preguntó que si ya había terminado el que le había comprado. Marta sonrió. Nunca un libro le había provocado tal sonrisa. Nunca un libro le había hecho pertenecer de ese modo a una historia. Nunca en su vida se había sentido tan feliz como en aquel momento.

-¿Te gustó?- preguntó su madre.

-Sí, mucho, y ahora no digas: “¿ves?” porque ya lo sé.

Sonrieron y se fueron a dormir con la promesa de que al día siguiente le compraría el segundo libro de Harry Potter.

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Martasky

 

 

 

 

 

 

 

 

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7 comentarios en “Veinte años de magia

  1. También fue el primer libro que leí.
    Recuerdo haber leído hace un tiempo un artículo sobre un error en la edición de “La piedra filosofal”, creo que se repetía la palabra “varita” dentro de la lista de cosas que tenía que conseguir Harry para sus estudios. Un error muuuy cotizado que mi edición no resultó tener je.
    Besote, Marta.

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  2. Recuerdo lo mucho que me insististe para que yo tambien lo leyera, las veces que yo te decia con un grito: “No me gusta leer”.
    Pero un buen dia Empece y ya no pude parar, asi que gracias por compartir conmigo ese mundo magico!

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  3. Para mi es difícil contar con palabras lo que invade mi mente. Siempre fui de ciencias y no tengo el don de la palabra. Pero J. K.Rowling tenía en su cabeza un montón de personajes que supo sacar, darles vida y forma y hacer que el lector se dejase llevar y desear saber más y más.

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