Era amargo mientras mojaba sus labios y atravesaba su garganta, calentándola y a la vez reconfortándola. Ese amargor se transformaba en una bella sensación de paz.

El té la aliviaba, la hacía viajar en sueños mientras leía las noticias de esa mañana.

Se paró un momento a disfrutar del aroma del té verde y la menta y miró por la ventana. El viento hacía bailar levemente a los árboles, que parecía estar siguiendo el ritmo de la música que había puesto para relajar a sus gatos.

Cerró los ojos y le dio otro sorbo al té.

Todo cuanto le preocupaba pareció disolverse a cada trago. El té sanador, el té que la despertaba todas las mañanas, el aroma de la fuerza, estaba ahí a pesar del amargor.

Amargo y a la vez dulce té de las 9 de la mañana.

Dejó la taza ya vacía mientras en su mente la idea de una nueva historia le hacia cosquillas en el alma.

Se armó de pluma y papel, se sentó y comenzó a escribir.

Martasky

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