Después de un fin de semana intensito lo que una quiere es poder dormir bien y que el Lunes sea más llevadero gracias al sueño reparador, pero a veces la vida es caprichosa y pedir que un Lunes sea menos Lunes es un milagro.

Domingo, te vas a la cama muerta de cansancio, caes como una roca y duermes intensamente media hora hasta que sientes ese dolor terrible de un gemelo revelándose y alzándose en guerra.

Pegas un salto en la cama, te levantas apoyando el pie en el suelo para devolver a su sitio al gemelo rebelde y te desvelas. El calor de la guerra contra tu gemelo te sofoca y decides que es mejor dejar las sábanas a un lado. Sientes el dolor palpitante de tu gemelo herido todavía y decides masajearlo un poco para hacer las paces.

Te das la vuelta, empiezas a sentir el estupor y caes de nuevo inconsciente un par de horas cuando el frío de la noche te envuelve y empiezas a estornudar. Buscas con tus pies las sábanas que dejaste olvidadas y te cubres esperando que te calienten el alma, pero están frías cual témpanos de hielo y tu nariz empieza literalmente a llorar. Rebuscas por debajo de las sabanas ese pañuelo olvidado y descubres que se lo han tragado el colchón y el cabecero de la cama.

Te levantas, vas al baño, coges papel y al regresar descalza, golpeas el meñique contra el pie de la cama, que parece que se colocó estratégicamente  para hacerte llorar en silencio y despertarte ya por completo.

Te sientas en la cama, miras el reloj. Faltan 3 horas para que suene el despertador. Te suenas la nariz, le das una ultima caricia a tu dedo herido y te recuestas de nuevo sobre la cama fría. Te tapas, te acomodas para dormir y tus ojos están abiertos como platos.

Das una, dos, tres y hasta 20 vueltas. Coges el móvil y revisas las redes sociales. Bien, spoilers del  último capítulo de Juego de Tronos. Dejas el móvil en la mesilla, das otra vuelta e intentas decirte a ti misma: Estoy muy cansada, duerme, duerme, duerme…

El calor empieza a hacerte sudar y decides destaparte lo justo para no tener que despertarte luego por el frío. Miras el reloj, faltan dos horas para que empiece el Lunes. Maldita sea, ¿para que empiece? Ya empezó hace rato y esta siendo horrible.

De repente empiezas a sentir el cansancio y estas medio aquí y medio allá. Tu vejiga esta llena y te está pidiendo que la vacíes, pero ahora estas tan bien, ya casi te estas quedando dormida. Casi, porque en tu cabecita la voz de la vejiga grita:¡VACÍAME! y por mucho que tu sueño y tu intenten callarla, esta grita cada vez más fuerte.

Le das a la cisterna, te lavas las manos, te miras en el espejo y descubres al zombi que te tiene poseída. Te arrastras de nuevo a la cama, te dejas caer y miras el reloj falta una hora.

Te tapas bien, das vueltas, miras el reloj; media hora. Piensas que lo mejor es levantarte y preparar el desayuno, esperas un poco porque ahora estas envuelta en el calor de las mantas.

De repente te sobresalta el sonido del despertador.

¿Cuando me he quedado dormida? ¿Ya es hora? Agggg  Malditos Lunes!

 

Martasky

 

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